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El balón gástrico (balón intragástrico) es una opción de tratamiento temporal y no quirúrgica para la obesidad, que se coloca por vía endoscópica en el interior del estómago y generalmente se retira después de aproximadamente seis meses. Se considera en pacientes con IMC entre 27 y 40 que no son candidatos a cirugía.
El balón gástrico (balón intragástrico) es un método temporal y no quirúrgico de apoyo al control del peso en la obesidad, colocado en el estómago mediante endoscopia o en forma de cápsula deglutible, y generalmente retirado al cabo de 6 meses. El balón de silicona ocupa una parte del volumen gástrico, favoreciendo una sensación de saciedad más temprana y contribuyendo a la reducción de la ingesta calórica diaria. Al no implicar cortes, suturas ni cambios permanentes en la anatomía del sistema digestivo, se considera un abordaje médico reversible.
Según la Organización Mundial de la Salud, la obesidad en adultos se ha más que duplicado en las últimas cuatro décadas y se ha convertido en un problema de salud pública de alcance global [7]. Para pacientes en quienes los cambios en el estilo de vida y la farmacoterapia resultan insuficientes, pero que aún no alcanzan el umbral para la cirugía bariátrica o que prefieren opciones no quirúrgicas, las terapias endoscópicas bariátricas representan un escalón intermedio relevante. Las guías de la Sociedad Americana de Endoscopia Gastrointestinal (ASGE) y de la Federación Internacional para la Cirugía de la Obesidad y los Trastornos Metabólicos (IFSO) clasifican el balón intragástrico como una opción de corto a medio plazo, con un perfil de seguridad bien caracterizado, utilizado junto a un programa estructurado de dieta y ejercicio [1][2].
Las preguntas más comunes sobre este tratamiento
El procedimiento se realiza bajo sedación, por lo que se encuentra en un estado similar al sueño y no siente dolor. El balón se introduce con un endoscopio avanzado por la boca; puede haber una sensación temporal de presión en la garganta, pero ocurre mientras la consciencia está suprimida. Tras el procedimiento, al despertar, puede experimentar una sensación de plenitud en la zona del estómago, calambres leves o náuseas. Estos síntomas se manejan con la medicación prescrita. Como no se requiere anestesia general completa, el periodo de recuperación es breve y la mayoría de los pacientes reciben el alta el mismo día.
Los primeros 3-7 días constituyen el periodo de adaptación, durante el cual una gran parte de los pacientes experimenta náuseas y vómitos de intensidad variable. Los vómitos son especialmente notorios en los primeros 3 días; para esta fase se prescriben antieméticos (antinauseosos) y antiespasmódicos. Al final de la primera semana, los síntomas suelen haber disminuido de forma significativa. Pueden reaparecer náuseas leves intermitentes en semanas posteriores, sobre todo cuando las porciones son excesivas o se come demasiado rápido. En casos de vómitos intensos y persistentes o incapacidad para tomar líquidos, debe contactarse con el profesional médico.
Los balones rellenos de líquido y de aire se retiran endoscópicamente al final de los 6 meses. Como en la colocación, bajo sedación, se pasa el endoscopio por la boca hasta el estómago; el balón se punciona con una aguja especial, se aspira el líquido y se sujeta con una pinza para extraerlo. Todo el procedimiento dura 15-30 minutos y se completa con alta el mismo día. En el caso del Allurion Elipse deglutible, no se requiere una segunda endoscopia; el balón se vacía espontáneamente hacia la semana 16 y se elimina de forma natural.
Esto depende totalmente de los hábitos establecidos durante el periodo del balón. Dado que la anatomía del estómago no ha cambiado cuando se retira el balón, algunos pacientes pueden retomar sus patrones alimentarios previos y recuperar parte del peso perdido. Las revisiones sistemáticas indican un grado de recuperación al año y posteriormente [5]. Por el contrario, los pacientes que han establecido control de porciones, comer despacio, ejercicio regular y cambio conductual durante el periodo del balón tienden a mantener una gran parte de sus resultados. Por ello, se recomienda continuar el seguimiento con dietista durante al menos 12-18 meses tras la retirada del balón.
Como el balón intragástrico es un método reversible y temporal que no implica cortes ni suturas, puede considerarse una opción a valorar para pacientes que desean evitar un cambio anatómico permanente. También es accesible para pacientes con IMC 27-40, aquellos por debajo del umbral de la cirugía bariátrica pero que no logran resultados suficientes solo con cambios en el estilo de vida. Aun así, la idoneidad depende de una evaluación individual: se valoran las comorbilidades, el estado gastroesofágico, el nivel de motivación y los intentos previos de control de peso antes de tomar una decisión. Se comparte claramente que el balón es una "herramienta" y que los resultados se construyen junto con el cambio conductual.
La diferencia más notable reside en el método de colocación y retirada. El Allurion Elipse se deglute en forma de cápsula; no se requiere endoscopia ni sedación. Una vez la cápsula llega al estómago, se infla a través del catéter y, en torno a la semana 16, se abre espontáneamente y se elimina de forma natural [4]. Los balones endoscópicos, por su parte, requieren gastroscopia tanto para la colocación como para la retirada, y permanecen en el estómago durante 6 meses (hasta 12 meses con Spatz3). Debido a las diferencias de volumen y duración, los perfiles de cambio de peso también difieren. La preferencia se determina según la idoneidad del paciente para la endoscopia y su objetivo de tratamiento.
En algunos pacientes, las náuseas y los vómitos intensos, el reflujo marcado o el dolor abdominal persistente pueden hacer necesaria una retirada anterior a lo previsto [5]. Esto es una de las ventajas de un enfoque reversible — el balón puede retirarse endoscópicamente en cualquier momento. La decisión se toma cuando los síntomas no se resuelven a pesar del tratamiento médico (antieméticos, antiespasmódicos, IBP) y la calidad de vida se ve afectada de forma significativa. En caso de retirada temprana, el procedimiento se realiza bajo sedación y se completa en 15-30 minutos, similar a la retirada rutinaria. Para pacientes que no toleran el balón, se reconsideran las vías terapéuticas alternativas.
La primera semana implica una transición gradual desde líquidos claros hasta sólidos blandos. Posteriormente, 3 comidas principales + 2 tentempiés al día se consumen en porciones pequeñas, despacio y masticando minuciosamente. En lugar de beber durante las comidas, los líquidos se toman 30 minutos antes y después. Cada comida prioriza una fuente de proteína magra (pollo, pescado, huevo, legumbres). Las bebidas azucaradas y carbonatadas, los alimentos altos en grasa o fritos y el alcohol son categorías a evitar. Consumir al menos 1,5-2 litros de agua al día es un objetivo básico para prevenir la deshidratación. El plan se individualiza con el seguimiento del dietista.
Sí, la actividad física regular es importante para que el tratamiento alcance su objetivo. Durante las primeras 1-2 semanas del periodo de adaptación, solo se inicia con caminatas suaves. A partir de la tercera semana, a medida que mejora la tolerancia, se añaden caminatas a buen ritmo, natación, ciclismo y ejercicios cardiovasculares moderados. Los 150 minutos de actividad de intensidad moderada por semana son el objetivo recomendado por las guías internacionales. Los movimientos que tensionan directamente la región abdominal (como entrenamientos intensos del core) pueden limitarse en el periodo inicial. El entrenamiento de fuerza puede incorporarse gradualmente al programa una vez establecida la tolerancia al ejercicio. El plan de ejercicio se determina con su médico y dietista según su condición individual.
En general, se considera apropiado el rango de 18-65 años; sin embargo, estos límites no son absolutos. Las aplicaciones en pacientes adolescentes son limitadas en la literatura y requieren una evaluación especial. En pacientes de edad avanzada, la decisión se individualiza en función de las comorbilidades, la tolerancia a la endoscopia y la sedación, y el balance esperado entre beneficio y riesgo. La evaluación previa al procedimiento revisa el estado general de salud, el riesgo cardiovascular, la función renal-hepática y el uso de medicamentos. La edad por sí sola no es un parámetro suficiente para una decisión de tratamiento; es esencial una evaluación clínica integral.
El embarazo es una contraindicación para el balón intragástrico; también se requiere evaluación médica si el embarazo ocurre mientras el balón está colocado. Se aconseja a las pacientes que planifican un embarazo esperar a que concluya el periodo del balón (6-12 meses), se complete la retirada y se estabilice el estado nutricional antes de intentar la concepción. El cambio de peso previo al embarazo puede ser una preparación favorable tanto para la salud materna como fetal; sin embargo, el momento y la planificación deben coordinarse con un ginecólogo. El balón tampoco se aplica durante la lactancia. En pacientes con objetivos de embarazo, la decisión de tratamiento se toma teniendo en cuenta este calendario.
Los más frecuentes aparecen en la primera semana: náuseas, vómitos, calambres estomacales, reflujo y eructos. Estos síntomas se observan en una gran parte de los pacientes con intensidades variables y suelen disminuir significativamente en 3-7 días con tratamiento médico [5]. En meses posteriores pueden aparecer reflujo intermitente y halitosis; los inhibidores de la bomba de protones proporcionan a menudo un alivio suficiente. Las complicaciones raras pero importantes incluyen el desinflado del balón (la orina teñida es el primer signo), la migración del balón (paso de un balón desinflado al intestino), úlcera gástrica o esofagitis. Muy raramente se han reportado perforación o pancreatitis. La adherencia plena al calendario y el seguimiento regular previenen la gran mayoría de estos riesgos.
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El balón intragástrico es un dispositivo médico de silicona o poliuretano que ocupa espacio dentro del estómago una vez inflado. Se introduce por la boca en su forma desinflada bajo guía de gastroscopia (endoscopia alta) y se llena con suero fisiológico estéril o aire. El volumen que ocupa limita físicamente la cantidad de alimento que puede consumirse en una sola comida.
Este abordaje se encuadra en la categoría de terapias bariátricas no quirúrgicas. En procedimientos como la gastrectomía en manga o el bypass gástrico se retira parte del estómago o se modifica el trayecto intestinal, mientras que en la aplicación del balón no se realiza ninguna alteración tisular. Tras el procedimiento, la anatomía del estómago permanece inalterada salvo por la presencia del balón.
El balón es un dispositivo temporal. Habitualmente permanece en el estómago durante 6 meses, con algunos modelos más recientes diseñados para hasta 12 meses. Al término de este periodo, el balón se desinfla endoscópicamente y se retira. En los modelos deglutibles como el balón Allurion (Elipse), una válvula interna se abre en torno a la semana 16, lo que hace que el balón se vacíe y se elimine de forma natural.
El efecto del balón intragástrico se basa en tres mecanismos principales. El primero es un efecto mecánico: el volumen de 400-700 ml ocupado por el balón reduce la capacidad de reserva del estómago y favorece la saciedad con comidas más pequeñas. El segundo es el retraso del vaciamiento gástrico: la presencia del balón alarga el tiempo que el alimento permanece en el estómago, prolongando la sensación de plenitud.
El tercer mecanismo, cada vez más reconocido, es la modulación hormonal. Los estudios clínicos han mostrado que, tras la colocación del balón, los niveles de la hormona del apetito grelina disminuyen, mientras que se observan cambios en los péptidos relacionados con la saciedad [3]. Este efecto hormonal ayuda a explicar la reducción subjetiva del hambre descrita por los pacientes y muestra que el cambio de peso no se debe únicamente a la ocupación del espacio.
Es importante subrayar que el balón no es un dispositivo que produzca un cambio de peso por sí solo. Ofrece al paciente una ventana de oportunidad para el cambio conductual. La sostenibilidad de los hábitos alimentarios y el control de las porciones establecidos durante esta ventana, una vez retirado el balón, es el factor clave para mantener el resultado del tratamiento.
El balón intragástrico pertenece a la categoría endoscópica de las terapias bariátricas y se distingue categóricamente de los métodos quirúrgicos. No se realizan incisiones en la pared abdominal, no se corta ni se sutura tejido gástrico, y no se altera el curso normal del sistema digestivo. Se avanza un endoscopio flexible a través de la boca para llevar el balón al estómago; todo el procedimiento se realiza desde el interior del tracto digestivo.
Las implicaciones prácticas para el paciente son significativas. En la mayoría de los centros el procedimiento se realiza bajo sedación; no se requiere anestesia general. Las preocupaciones típicas posquirúrgicas — infección de la herida, fuga de la línea de sutura, adherencias intraabdominales — no son aplicables a la colocación del balón intragástrico. No suele requerirse hospitalización y el procedimiento generalmente se completa de forma ambulatoria.
La reversibilidad es una de las diferencias más definitorias. En la gastrectomía en manga se extirpa de manera permanente aproximadamente el 75-80 % del estómago. El balón intragástrico, por el contrario, puede retirarse en cualquier momento según la necesidad clínica o la preferencia del paciente, y se retira de forma rutinaria a los 6 meses. Esta característica convierte al balón en una opción inicial relevante para pacientes que prefieren evitar cambios anatómicos permanentes [1].
En la práctica clínica se utilizan varios tipos de balones, diferenciados por su contenido de llenado, método de colocación y duración en el estómago. La selección del tipo adecuado se basa en el IMC, las expectativas de tolerancia, la aptitud para la endoscopia y la evaluación clínica.
Los balones rellenos de líquido son el tipo más utilizado a nivel mundial. Orbera (anteriormente conocido como BIB) es un balón de silicona inflado con 400-700 ml de suero fisiológico estéril, y se han publicado datos de seguridad y eficacia procedentes de estudios clínicos de 6 meses aprobados por la FDA [3]. Normalmente se añade al líquido un colorante como el azul de metileno; en caso de fuga, la orina adquiere un color azul verdoso que alerta al paciente.
El Spatz3 dispone de un volumen ajustable. Tras la colocación, el volumen puede reducirse si el paciente presenta problemas de tolerancia o aumentarse cuando el cambio de peso se estanca. Esta flexibilidad también permite un uso prolongado de hasta 12 meses. Los balones rellenos de líquido tienden a producir una sensación de saciedad más intensa; como contrapartida, las náuseas y los vómitos pueden ser más pronunciados durante el periodo de adaptación.
Tanto la colocación como la retirada de los balones rellenos de líquido se realizan por vía endoscópica. El balón desinflado se introduce por la boca hasta el estómago y se llena a través de un catéter; al finalizar los 6 meses, se punciona con una aguja especial, se vacía y se extrae endoscópicamente.
Los balones inflados con aire (más concretamente, con un gas inerte como el nitrógeno) ejercen una carga más ligera dentro del estómago que los rellenos de líquido. Esto puede traducirse en efectos secundarios más leves, como náuseas y calambres abdominales, en algunos pacientes. No obstante, su efecto de volumen es más limitado y la intensidad de la saciedad puede ser menor que con los balones rellenos de líquido.
Los balones rellenos de aire también se colocan y retiran por vía endoscópica. Aunque ciertos modelos (por ejemplo, Heliosphere BAG) fueron ampliamente utilizados en un momento, la preferencia clínica es relativamente más limitada frente a la amplia base de evidencia de las variantes rellenas de líquido. La elección del tipo de balón se individualiza según el perfil de tolerancia del paciente y sus comorbilidades.
El balón deglutible (Allurion Elipse) se ha consolidado como una innovación destacable en los últimos años. En este modelo, el balón viene plegado dentro de una cápsula unida a un catéter delgado, y el paciente lo deglute. No se requiere endoscopia; una vez la cápsula llega al estómago (confirmado radiológicamente), el balón se infla a través del catéter y este se retira [4].
En torno a la semana 16, una válvula interna se abre, el balón se vacía y se elimina de forma natural a través del intestino. No es necesaria una segunda endoscopia para la retirada. Esta característica constituye una ventaja clave para pacientes que desean evitar la endoscopia o la sedación. Los datos clínicos indican que el balón Elipse puede apoyar un cambio de peso promedio de aproximadamente 12-15 kg en 4 meses [4].
Por otra parte, la duración del balón deglutible es más corta y su volumen generalmente menor que los modelos endoscópicos de 6 meses. La elección entre un balón endoscópico y uno deglutible la realiza el profesional en función del objetivo del paciente y de la idoneidad de su perfil. Ambos grupos se basan en el mismo principio fundamental: ocupar volumen temporal en el estómago para apoyar una saciedad más temprana.
El balón intragástrico puede considerarse dentro de un rango de IMC más amplio que la cirugía bariátrica. Las guías aceptan, en términos generales, un rango de IMC de 27-40 como potencialmente adecuado [1][2]. Dado que el umbral internacional para la intervención bariátrica quirúrgica suele ser IMC ≥35 con comorbilidades o ≥40, el balón sigue estando disponible también para pacientes con valores de IMC más bajos. Esto permite considerar a personas con sobrepeso (IMC 27-30) que aún no se encuentran en la categoría de obesidad.
El perfil del candidato no se limita únicamente al IMC. Durante la evaluación se tienen en cuenta los siguientes factores:
Motivación y adherencia: disposición a mantener cambios en la dieta y el ejercicio tras el periodo del balón
Rango de edad: generalmente 18-65 años, con flexibilidad según la evaluación individual
Necesidad de puente antes de cirugía bariátrica: reducción preliminar de peso para disminuir el riesgo quirúrgico en pacientes con IMC muy elevado
Contraindicación para la cirugía: pacientes con riesgo elevado de anestesia general
Historial de intentos de control de peso: resultados insuficientes con dieta y ejercicio
Las contraindicaciones deben descartarse cuidadosamente en la evaluación previa al procedimiento. Las siguientes condiciones no son adecuadas para la aplicación del balón o requieren una valoración especial:
Úlcera péptica activa o esofagitis severa
Antecedentes de cirugía gástrica o esofágica previa
Hernia de hiato de gran tamaño
Cáncer gástrico conocido o sospechado, o lesiones precancerosas avanzadas
Embarazo y lactancia
Trastornos graves de la coagulación no tratados
Uso crónico de corticoides o AINE (sujeto a evaluación)
Trastornos psiquiátricos graves o diagnóstico de trastorno de la conducta alimentaria (sin tratamiento apropiado)
Dependencia de alcohol o sustancias
La evaluación previa al procedimiento incluye endoscopia, pruebas de laboratorio rutinarias y, si es necesario, consultas de cardiología y psiquiatría. La decisión de tratamiento se toma una vez que el paciente acepta que el balón es una herramienta y que los resultados dependen de su propio cambio conductual.
Antes de la colocación del balón, el paciente pasa por un proceso detallado de consentimiento informado. Establecer expectativas realistas — un cambio de peso medio de aproximadamente 15-25 kg en 6 meses, con un mantenimiento que depende de los hábitos sostenidos tras el balón — es central en esta fase [5]. Incluye la consulta con dietista, el registro alimentario y la definición de metas conductuales.
La preparación médica implica una revisión del estado de salud general para asegurar la aptitud para la endoscopia digestiva alta. Se solicitan hemograma, bioquímica, parámetros de coagulación y, cuando proceda, electrocardiograma. Los pacientes con medicación crónica — en particular anticoagulantes — organizan ajustes temporales con su médico. Es necesario ayunar durante 8-12 horas antes del procedimiento para una endoscopia segura.
Dado que los pacientes no pueden conducir tras la sedación, deben acudir acompañados el día del procedimiento. La ingesta de líquidos también se interrumpe a una hora determinada previamente; un estómago vacío facilita una colocación limpia y eficiente.
El procedimiento se realiza en una unidad de endoscopia. Al paciente se le administra sedación intravenosa; la mayoría duerme durante el procedimiento y no siente dolor. Primero se efectúa una gastroscopia diagnóstica para evaluar el estómago y el esófago — para descartar úlceras, hernias de gran tamaño o cualquier patología obstructiva.
Si la evaluación es satisfactoria, el balón desinflado se hace avanzar desde la boca hasta el estómago. Bajo guía endoscópica se confirma su posición y se llena con suero fisiológico estéril (400-700 ml en los modelos rellenos de líquido) a través del catéter conectado. Una vez alcanzado el volumen necesario, se retira el catéter; una válvula autosellante del balón evita el reflujo del líquido. Tras una última comprobación endoscópica, el procedimiento se completa.
Todo el proceso dura generalmente 15-30 minutos. Al no realizarse incisión en la pared abdominal, no queda cicatriz externa. En la aplicación del balón deglutible, el paciente traga la cápsula con agua, se confirma la posición del catéter radiológicamente y, tras la inflación, se retira el catéter por la boca; el tiempo total es también de aproximadamente 15-20 minutos.
Una vez que el efecto de la sedación se desvanece, el paciente permanece en observación y, por lo general, recibe el alta el mismo día. Algunos centros pueden preferir una estancia nocturna; esto se individualiza según la gestión de los efectos secundarios y consideraciones de seguridad. En las primeras horas se comienza con líquidos claros, y generalmente se recomienda nutrición líquida durante las primeras 24 horas.
La primera semana tras el alta es el periodo de adaptación, durante el cual el estómago percibe el balón como un "cuerpo extraño". El paciente puede experimentar náuseas, vómitos, calambres estomacales o síntomas de reflujo. Para estos síntomas se prescriben antieméticos (antinauseosos), antiespasmódicos e inhibidores de la bomba de protones (supresores del ácido). En una proporción importante de pacientes, los síntomas disminuyen de forma significativa dentro de los primeros 3-7 días.
El cambio de peso con el balón intragástrico tiende a seguir una curva típica. El primer mes es cuando el efecto del volumen es mayor y las restricciones de adaptación limitan más la ingesta. Durante este periodo, una proporción considerable de pacientes puede experimentar un cambio de alrededor de 6-10 kg. En los meses siguientes, el ritmo disminuye pero puede mantenerse de forma constante.
El segundo y tercer mes representan el periodo de adaptación completa al balón, con un ritmo mensual de cambio que desciende a la franja de 2-4 kg. A partir del cuarto mes, el organismo comienza a adaptarse al nuevo nivel de ingesta y el ritmo se reduce aún más; pueden aparecer fases de estancamiento. Al final del sexto mes, el cambio acumulado medio reportado en diversos estudios se sitúa entre 15-25 kg [5]. Los porcentajes de pérdida del exceso de peso (EWL) suelen situarse entre el 25 % y el 40 %. Los resultados varían de una persona a otra.
Los resultados individuales varían notablemente según el peso inicial, el perfil metabólico, la adherencia a la dieta y al ejercicio, y el apoyo psicosocial. El factor determinante del resultado es el desarrollo de hábitos sostenibles durante el periodo del balón. Por ello se recomienda situar el cambio conductual en el centro del proceso, más que centrarse únicamente en objetivos numéricos.
El mantenimiento a largo plazo es uno de los temas más debatidos en la literatura sobre el balón intragástrico. Tras la retirada del balón — dado que la anatomía no se ha modificado de forma permanente — los pacientes pueden retomar sus patrones alimentarios previos, y la recuperación de peso se observa con frecuencia. Las revisiones sistemáticas muestran que una parte del peso perdido puede recuperarse al año y posteriormente [5]. Por tanto, la terapia con balón no debe planificarse como una mera aplicación de un dispositivo, sino como un programa integrado con seguimiento continuado de dietista, psicólogo y médico.
Los balones rellenos de líquido y de aire se retiran endoscópicamente al finalizar los 6 meses (o los 12 meses en los modelos ajustables como Spatz3). El procedimiento se realiza bajo sedación, de manera similar a la colocación. Se avanza el endoscopio hasta el estómago, se visualiza el balón y se punciona con una aguja especial. El líquido se aspira con un dispositivo de succión; el balón desinflado se sujeta con una pinza de recuperación y se extrae por la boca.
El procedimiento de retirada también dura generalmente 15-30 minutos y se completa con alta el mismo día. El paciente permanece unas horas en observación y puede notar ligeras molestias en la garganta o hinchazón. La tasa de complicaciones graves, como en la colocación, se mantiene baja.
En los balones deglutibles, la retirada es diferente. El Allurion Elipse se vacía espontáneamente hacia la semana 16 al abrirse su válvula. El balón desinflado avanza de forma natural por el tracto gastrointestinal y se elimina con las heces. No se requiere una segunda endoscopia; esta es una de las ventajas más destacadas del dispositivo para el paciente [4]. En raras ocasiones, el balón puede abrirse antes de lo previsto o quedar retenido en el intestino; en tales situaciones se requiere evaluación adicional.
Las primeras 48-72 horas tras la retirada del balón son un nuevo periodo de adaptación para el estómago. Al desaparecer el volumen ocupado, el paciente percibe que puede comer más; el mantenimiento consciente del control de las porciones en este momento es de importancia crítica. Los primeros días se comienza con alimentos blandos y de fácil digestión, seguidos de una transición gradual a una nutrición de textura normal.
El mayor riesgo del periodo posterior a la retirada es la recuperación de peso. Los hábitos establecidos durante el periodo del balón — porciones pequeñas, comer despacio, priorizar las proteínas, ingesta regular de líquidos — quedan ahora totalmente bajo la disciplina personal. Se recomienda continuar el seguimiento con el dietista durante al menos 12-18 meses más en esta fase. En los seguimientos al año, algunos pacientes mantienen una gran parte del peso perdido, mientras que otros se acercan a su peso previo [5].
En algunos pacientes puede considerarse la repetición del balón o una farmacoterapia posterior (como los análogos del GLP-1). En pacientes con IMC elevado en los que el balón se planificó como "puente", puede evaluarse posteriormente la transición a cirugía bariátrica. El plan se individualiza para cada paciente.
La primera semana es el periodo durante el cual tanto el estómago como el paciente se adaptan al balón. Las primeras 24-48 horas se dedican a líquidos claros (agua, infusiones sin azúcar, caldo, zumo de frutas sin azúcar). A partir del tercer día se introducen alimentos semilíquidos, como yogur, sopa, purés y texturas tipo pudin. Hacia los días 5-7 se inicia una transición gradual a alimentos blandos sólidos (verduras hervidas, pollo cocinado y tierno).
Durante este periodo, las náuseas, los vómitos y los calambres se observan en una gran parte de los pacientes [5]. Los antieméticos y antiespasmódicos prescritos alivian estos síntomas. Beber líquidos a pequeños sorbos y con frecuencia es importante para prevenir la deshidratación. Mantener contacto con el profesional clínico cuando sea necesario es esencial; los vómitos intensos y la incapacidad para tomar líquidos pueden requerir una breve observación hospitalaria.
Al final de la primera semana, los síntomas suelen disminuir de forma significativa y el paciente retoma su vida habitual. El regreso al trabajo es posible en 3-5 días en la mayoría de las ocupaciones; en trabajos físicamente exigentes puede extenderse a una semana.
Los 6 meses con el balón deben considerarse una ventana de oportunidad para establecer nuevos hábitos alimentarios. El objetivo no es solo el cambio de peso, sino también la construcción de un patrón alimentario sostenible. Los siguientes principios sirven como guía básica:
Porciones pequeñas, comidas frecuentes: 3 comidas principales + 2 tentempiés al día
Comer despacio: masticación minuciosa, duración de la comida ampliada a 20-30 minutos
Limitar los líquidos durante las comidas: líquidos 30 minutos antes y 30 minutos después; mínimos durante la comida
Prioridad a la proteína: añadir una fuente de proteína magra (pollo, pescado, huevo, legumbres) en cada comida
Evitar las bebidas azucaradas y carbonatadas: tanto por la carga calórica como por la acumulación de gas
Limitar los alimentos altos en grasa y fritos: pueden desencadenar náuseas
Al menos 1,5-2 L de agua al día: para prevenir la deshidratación
Puede recomendarse la suplementación con multivitaminas y minerales, especialmente en periodos sostenidos de baja ingesta calórica. Se monitorizan los niveles de hierro, B12, vitamina D y calcio. El consumo de alcohol es un elemento a evitar durante el periodo del balón, tanto por la carga calórica vacía como por el riesgo de irritación de la mucosa gástrica.
La contribución más valiosa del balón intragástrico es la oportunidad de cambio conductual que ofrece. Lo que da forma a los resultados no es simplemente portar el dispositivo durante 6 meses, sino utilizar conscientemente este periodo. El apoyo conductual — sesiones con dietista, apoyo psicológico cuando sea necesario, programas grupales — es una parte integral del tratamiento.
Reconocer los desencadenantes del acto de comer se encuentra en el centro de este proceso. Se identifican la alimentación emocional, el aburrimiento, la presión social o los patrones automáticos de picoteo vinculados a momentos concretos, y se introducen en su lugar mecanismos de afrontamiento alternativos. Herramientas sencillas de autoobservación — llevar un diario, fotografiar las comidas, contar los pasos — apoyan la motivación.
También debe iniciarse un programa de actividad física junto con el periodo del balón. Comenzando con caminatas suaves en el primer mes, el programa se amplía a medida que aumenta la tolerancia para incluir caminata a buen ritmo, natación y ejercicios aeróbicos como el ciclismo. Los 150 minutos de actividad de intensidad moderada por semana son un objetivo compartido por las guías internacionales de obesidad. En la medida en que este hábito se mantenga tras la retirada del balón, el mantenimiento del peso resulta significativamente más alcanzable.
El perfil de efectos secundarios del balón intragástrico está bien definido y la mayoría son transitorios. Los más frecuentes aparecen en la primera semana: náuseas, vómitos, calambres estomacales, reflujo y eructos. Los vómitos son especialmente notables en los primeros 3 días y se controlan con apoyo médico [5]. En una parte de los pacientes, la intolerancia puede llevar a la retirada temprana del balón [5].
A medio plazo, algunos pacientes pueden notar reflujo intermitente, eructos y halitosis. Los inhibidores de la bomba de protones proporcionan un alivio suficiente en la mayoría de los casos. Los vómitos persistentes, los signos de deshidratación, el dolor abdominal intenso, los vómitos con sangre o las heces negras deben motivar una consulta inmediata con el profesional médico.
Las complicaciones raras pero importantes a considerar incluyen:
Desinflado del balón: fuga del líquido del balón al estómago; la orina teñida es el primer signo
Migración del balón: paso de un balón desinflado al intestino delgado; puede suponer un riesgo de íleo (obstrucción intestinal) y requiere intervención urgente
Úlcera o erosión gástrica: daño mucoso por contacto prolongado
Esofagitis: inflamación esofágica secundaria al reflujo
Rara pero grave: perforación gástrica — reportada de manera muy infrecuente en la literatura
Pancreatitis: descrita como una condición rara asociada a la presión del balón sobre el conducto pancreático
La gran mayoría de estas complicaciones se previenen retirando el balón dentro del plazo recomendado. El "balón olvidado" — aquel que permanece más allá de los 6 meses — es el escenario en el que el riesgo aumenta de forma más notable. Por ello, la adherencia del paciente al calendario y el mantenimiento de las citas de retirada son importantes.
Como en todo procedimiento quirúrgico o intervencionista, los resultados de la aplicación del balón intragástrico pueden variar de una persona a otra. Se recomienda solicitar una opinión detallada al profesional médico antes del procedimiento.
El balón intragástrico y los métodos quirúrgicos bariátricos — en particular la gastrectomía en manga y el bypass gástrico en Y de Roux — son herramientas dirigidas a perfiles de paciente diferentes, que se complementan en lugar de sustituirse entre sí.
En cuanto a los resultados de peso: la cirugía bariátrica produce un cambio de peso más pronunciado a largo plazo. Los porcentajes de pérdida del exceso de peso (EWL) alcanzan con frecuencia el 60-80 % a 1-2 años tras la manga o el bypass [6]. Los balones intragástricos se sitúan en el rango del 25-40 % de EWL a los 6 meses, con un cierto riesgo de recuperación tras la retirada [5]. Esta diferencia se deriva del cambio anatómico y hormonal permanente que produce la cirugía.
En cuanto a la reversibilidad: la gastrectomía en manga es irreversible; aproximadamente el 80 % del estómago se retira de forma permanente. El bypass gástrico, aunque técnicamente revisable, es en la práctica un procedimiento no reversible. El balón, por naturaleza, es temporal y se retira de forma rutinaria a los 6 meses.
En cuanto a la invasividad: los métodos quirúrgicos requieren anestesia general e intervención laparoscópica abdominal. El balón, en cambio, es un procedimiento endoscópico realizado habitualmente bajo sedación. La estancia hospitalaria tras la cirugía suele ser de 2-4 días, mientras que la colocación del balón concluye normalmente con alta el mismo día.
En cuanto a la adecuación por IMC: las guías internacionales recomiendan, en general, la cirugía bariátrica en el umbral de IMC ≥35 con comorbilidades o ≥40 [6]. El balón intragástrico puede considerarse entre IMC 27-40, ofreciendo así una opción a pacientes con valores de IMC más bajos que no alcanzan el umbral quirúrgico [1].
¿Qué método para qué paciente? Los pacientes con IMC muy elevado y enfermedad metabólica (diabetes tipo 2, apnea del sueño grave) pueden ser candidatos principalmente a cirugía. Quienes presentan un exceso de peso moderado, prefieren evitar la cirugía o no son elegibles para ella, pueden evaluarse como candidatos al balón para objetivos a corto plazo. En pacientes con IMC muy elevado, el balón también puede servir como "puente" antes de la cirugía, proporcionando un cambio de peso preliminar que reduzca el riesgo quirúrgico. La selección es una respuesta individualizada a la pregunta de qué perfil se atiende mejor con qué método.
El Doç. Dr. Hasan Abuoğlu es Cirujano General con sede en Estambul, con más de 25 años de experiencia quirúrgica y más de 10.000 operaciones laparoscópicas realizadas. Además de una práctica centrada en la cirugía bariátrica y metabólica, también aplica tratamientos endoscópicos para la obesidad y ofrece a sus pacientes una evaluación integrada que contempla tanto los métodos quirúrgicos como los no quirúrgicos. Es miembro de la Sociedad Turca de Cirugía Bariátrica y Metabólica (TBMCD) y de la IFSO.
En el centro de este enfoque está la lectura precisa del perfil del paciente. Cada caso de obesidad es diferente; el método más apropiado se determina conjuntamente con el paciente, teniendo en cuenta el IMC, las comorbilidades, el estilo de vida, el nivel de motivación y las expectativas. El balón intragástrico se considera una opción relevante para pacientes por debajo del umbral quirúrgico, para aquellos que requieren una terapia puente o para candidatos que desean evitar cambios permanentes. Sin embargo, el balón no se presenta como una solución aislada; forma parte de un programa que incluye apoyo del dietista, apoyo psicológico cuando sea necesario y seguimiento clínico regular.
El tono combina el rigor profesional con una actitud de guía cálida y no enjuiciadora. La obesidad se aborda no como una cuestión de "falta de voluntad", sino como una condición crónica de salud con componentes biológicos, psicológicos y sociales. A lo largo del proceso, se informa al paciente, se fundamentan las expectativas en términos realistas y las decisiones se toman de manera conjunta.
Este contenido se proporciona únicamente con fines informativos y no sustituye ningún diagnóstico médico, tratamiento o examen por parte de un profesional. Si el balón intragástrico es adecuado para usted solo puede determinarlo su médico tras una evaluación personal detallada. Los medicamentos, los planes nutricionales y los calendarios de seguimiento se adaptan a las circunstancias individuales. Como en cualquier procedimiento quirúrgico o intervencionista, los resultados pueden variar de una persona a otra. Se recomienda solicitar una opinión detallada al profesional médico antes del procedimiento. Para cualquier decisión relacionada con la salud, consulte a un especialista médico cualificado.
[1] ASGE Bariatric Endoscopy Task Force — Intragastric Balloons in the Management of Obesity: Guideline — https://www.asge.org/
[2] IFSO Global Registry Report — International Federation for the Surgery of Obesity and Metabolic Disorders — https://www.ifso.com/ifso-registry/
[3] Courcoulas A, Abu Dayyeh BK et al. Intragastric Balloon as an Adjunct to Lifestyle Intervention — Clinical Studies — https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/
[4] Raftopoulos I, Giannakou A. The Elipse Balloon, a Swallowable Gastric Balloon for Weight Loss Not Requiring Sedation, Anesthesia or Endoscopy — Clinical Outcomes — https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/
[5] Yorke E, Switzer NJ, Reso A et al. Intragastric Balloon for Management of Severe Obesity: A Systematic Review — https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/
[6] Sociedad Turca de Cirugía Bariátrica y Metabólica (TBMCD) — Guía Clínica sobre Indicaciones de la Cirugía Bariátrica — https://www.tbmcd.org.tr/
[7] Organización Mundial de la Salud — Hoja Informativa sobre Obesidad y Sobrepeso — https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/obesity-and-overweight
Para obtener información detallada sobre los procedimientos de cirugía bariátrica y metabólica, puede ponerse en contacto a través de los canales que figuran a continuación. Las consultas iniciales para pacientes internacionales pueden organizarse de forma remota mediante videollamada o WhatsApp.

Prof. Asoc. Dr. Hasan Abuoğlu
Profesor Asociado de Cirugía General